Hace unos días escribí el artículo completo en The Conversation sobre una pregunta que lleva bastante tiempo ocupando buena parte de mi trabajo: ¿podemos entrenar nuestro sistema nervioso para responder mejor al estrés? En este texto continúo esa reflexión, pero trasladada al contexto de la evaluación y la intervención clínica: cómo aplicamos esa idea en la consulta de Avannza Psicólogos.
- La respuesta fisiológica del cuerpo ante el estrés crónico
- De la investigación científica a la práctica en Avannza Psicólogos
- Aplicación clínica de Biofeedback y Neurofeedback en consulta
- Entrenamiento fuera de la consulta: Biofeedback domiciliario
- Criterio clínico en Avannza: evaluar primero para decidir después
La respuesta fisiológica del cuerpo ante el estrés crónico
El estrés no es algo malo. De hecho, lo necesitamos. Nos ayuda a reaccionar ante un problema, afrontar una situación difícil, preparar un examen o responder cuando el trabajo nos exige más de lo habitual. El problema aparece cuando esa respuesta no se apaga.
Terminamos de trabajar, llegamos a casa y, aparentemente, el día ha terminado. Pero nuestro organismo sigue funcionando como si todavía estuviéramos delante del problema. Seguimos dando vueltas a lo ocurrido, anticipando lo que tendremos que hacer mañana o repasando mentalmente conversaciones pendientes. El cuerpo acompaña: respiramos de otra manera, aumenta la tensión y el corazón también cambia su funcionamiento. Estamos en casa, pero nuestro sistema nervioso sigue en el trabajo.
Marcadores fisiológicos y Variabilidad de la Frecuencia Cardiaca (HRV)
El estrés también deja señales medibles en el organismo: cambios en la frecuencia cardiaca, en la respiración o en la actividad del sistema nervioso autónomo. En el artículo completo en The Conversation explico con más detalle qué es la variabilidad de la frecuencia cardiaca, conocida como HRV, y cómo el biofeedback permite ver esas señales en una pantalla para poder entrenarlas. Me quedo aquí con la idea central: el objetivo no es estar permanentemente relajados, sino que el sistema nervioso sepa activarse cuando toca y, sobre todo, recuperarse después. Esa es la base de lo que hacemos luego en la consulta de Avannza.
De la investigación científica a la práctica en Avannza Psicólogos
Esta forma de trabajar es una de las que estamos incorporando a la Unidad de Neuroterapias de Avannza Psicólogos.
Mi labor como asesor científico-técnico de Avannza consiste precisamente en ayudar a trasladar lo que sabemos desde la investigación a protocolos que puedan utilizarse en la clínica con rigor. Y aquí hay una idea que para mí es especialmente importante: tener tecnología no significa hacer neuroterapia. Antes de entrenar hay que saber qué queremos entrenar.
Evaluación integral: medición de parámetros mediante HRV y EEG
Por eso, el punto de partida es siempre la valoración del paciente y de sus necesidades. Cuando está indicado, podemos añadir una evaluación de su funcionamiento fisiológico mediante HRV, respiración y otras medidas. En determinados casos también podemos estudiar la actividad cerebral mediante EEG. A partir de esa información podemos decidir si tiene sentido incorporar un entrenamiento y qué tipo de entrenamiento puede ser más adecuado.
¿Qué nos aporta esta evaluación que no podamos conocer simplemente hablando con el paciente? No se trata de sustituir una cosa por otra. Lo que una persona siente y nos cuenta es imprescindible para comprender qué le ocurre. Las medidas fisiológicas añaden otra capa de información: nos permiten observar cómo responde su organismo y relacionar esa respuesta con lo que la persona está experimentando.
Imaginemos, por ejemplo, a alguien que nos cuenta que tiene dificultades para desconectar después de una jornada de trabajo especialmente exigente. El problema que describe no es necesariamente que responda demasiado ante el estrés. Durante el trabajo esa activación puede ser incluso necesaria. Lo que nos interesa saber es qué ocurre después: si, una vez terminada la situación, su organismo es capaz de recuperar progresivamente su estado anterior.
Podemos observar su frecuencia cardiaca y su variabilidad, cómo respira o cómo cambian estas señales cuando pasa de una situación de reposo a otra que requiere cierto esfuerzo y, posteriormente, vuelve a descansar. No buscamos determinar mediante una máquina si esa persona “tiene estrés”. Buscamos comprender mejor cómo funciona su respuesta y, especialmente, su capacidad de recuperación.
Aplicación clínica de Biofeedback y Neurofeedback en consulta
Si encontramos dificultades en esa regulación, podemos plantearnos qué merece la pena entrenar. En algunos casos puede tener sentido trabajar mediante biofeedback de la HRV y respiración, haciendo visible en tiempo real una respuesta que normalmente ocurre sin que podamos observarla. La persona aprende así a reconocer cómo responde su organismo y qué estrategias le ayudan realmente a modificar esa respuesta.
En otros casos, la pregunta clínica es diferente. Cuando predominan dificultades relacionadas con la atención o determinados procesos de regulación, puede ser útil estudiar la actividad cerebral mediante EEG. Si esa valoración aporta información relevante y existe una indicación para ello, podemos plantear un entrenamiento mediante neurofeedback.
Por tanto, no elegimos entre HRV y EEG porque una técnica sea mejor que otra. La decisión depende de qué queremos conocer y qué queremos entrenar. No partimos de la tecnología para buscar después un problema al que aplicarla. Partimos del problema y decidimos qué herramienta puede ayudarnos a comprenderlo y tratarlo mejor.
En Avannza estamos aplicando este modelo especialmente a problemas relacionados con el estrés y la ansiedad, pero también al sueño, la atención o situaciones de alta exigencia y rendimiento. Siempre como parte de un abordaje más amplio y conectado con el trabajo psicológico.
Las neuroterapias no sustituyen a la psicoterapia. La complementan cuando existe una razón para hacerlo.
Entrenamiento fuera de la consulta: Biofeedback domiciliario
Hay otro aspecto que me parece especialmente destacable. Parte de estos entrenamientos puede realizarse en casa. En la clínica podemos evaluar, buscar los parámetros adecuados, enseñar la técnica y comprobar que se está realizando correctamente. Después, determinadas sesiones pueden continuar mediante herramientas de biofeedback domiciliario. Esto cambia bastante la forma de trabajar. El aprendizaje no queda reducido a una sesión semanal. La persona puede practicar de manera frecuente y aprender poco a poco a reconocer y modificar su propia respuesta fisiológica.
Al final, esa es la idea más interesante de todo esto, puesto que el entrenamiento continuo produce rápidamente cambios en el estrés percibido y en la actividad cerebral; nuestro sistema nervioso se hace más flexible y podemos salir más fácilmente del modo alerta.
Autorregulación y transferencia a la vida cotidiana
Y es precisamente ahí donde empezamos a observar uno de los cambios que más me interesa en la práctica. Al principio, muchas personas saben que están estresadas cuando la activación ya es muy evidente, es decir, cuando llevan horas dando vueltas a un problema, aparece la tensión muscular o les cuesta dormir. Con el entrenamiento empiezan a reconocer antes señales mucho más sutiles. Perciben cómo cambia su respiración, cuándo empiezan a acelerarse o qué sensaciones acompañan a ese aumento de activación.
Ese reconocimiento cambia también nuestra forma de trabajar. El paciente deja de ser únicamente alguien al que enseñamos una técnica para relajarse y empieza a entender mejor su propia respuesta. Aprende qué situaciones le activan, cómo responde su organismo y, sobre todo, qué puede hacer para recuperar el equilibrio. La pantalla y el dispositivo son importantes durante el aprendizaje, pero el objetivo no es depender de ellos.
De hecho, para mí una buena señal de que el entrenamiento está funcionando aparece cuando la persona empieza a trasladar lo aprendido a su vida cotidiana. Ya no necesita ver continuamente una gráfica para darse cuenta de que se está activando. Empieza a reconocerlo y a intervenir antes. En ese momento, la tecnología ha cumplido buena parte de su función: hacer visible una respuesta que antes pasaba desapercibida para que la persona aprenda progresivamente a reconocerla y regularla por sí misma.
No podemos evitar que aparezcan situaciones difíciles. Tampoco tendría sentido intentar vivir permanentemente relajados. Lo interesante es conseguir que, cuando el problema termine, nuestro sistema nervioso también sepa que ha terminado.
Criterio clínico en Avannza: evaluar primero para decidir después
La pregunta que planteaba en The Conversation era si podemos entrenar nuestro sistema nervioso para responder mejor al estrés. Al trasladar esa pregunta a la práctica clínica aparece otra igual de importante: cuándo tiene sentido hacerlo.
Y eso es probablemente lo que hemos aprendido al pasar de la investigación a la consulta. No se trata de elegir una tecnología porque esté disponible ni de aplicar el mismo entrenamiento a todas las personas. Primero necesitamos entender qué le ocurre al paciente, cómo está respondiendo su organismo y qué queremos modificar. Después podemos decidir si tiene sentido entrenarlo y cuál es la mejor manera de hacerlo.
Ese es el enfoque que estamos desarrollando en Avannza: evaluar primero, decidir después y entrenar solo aquello que realmente tenga sentido entrenar.
Este artículo es informativo y no sustituye una consulta clínica.



